miércoles, 23 de noviembre de 2011

Aceite de oliva virgen extra.


Rotbailer siempre compra aceite de oliva virgen extra del bueno. Extracción mecánica.



Para los días que han de venir, Rotbailer ha comprado más aceite que nunca, añadiéndose ceros en su cuenta de aceite previsto. Abre el cajón y extrae delicadamente su brazo de escribir. Lo utiliza, y le escribe una carta a su madre, una a su mejor amigo, Cinta y, por último, una un poco más breve a las autoridades. En cada carta dice que aquí nada cambiará, que no hay dos sin tres, que plenamente un acierto siempre es un paso atrás en la evolución y que puede que mañana estemos todos muertos, pero que en el fondo lo importante es la sonrisa de un niño a los pies de una azafata.



Dieciocho días después, cuando apenas las recordaba, Rotbailer encuentra las cartas tiradas en un rincón, ocultas bajo una grave, gravísima, capa de polvo y pieles muertas de todos esos microanimales que tú y yo sabemos que están en tu piel, en tus ojos y en tu sexo.



Y aún no lo sabe, pero ese aceite se pondrá rancio antes de que lo pueda consumir en su totalidad.



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